lunes, 11 de julio de 2011

Bajo un árbol frondoso

Ramón. El País.



Una problemática única, al igual que un pensamiento único parece haberse adueñado de la vida social, empresarial, sindical, política y cultural. Un único problema omnipresente en torno al cual todo gira, en torno al cual todo vale. No hay tregua en las discusiones de bar, en los salones de los ayuntamientos, en los sillones de las cortes, en el discurso político,… el magnánimo "EMPLEO", todo lo mediatiza y absorbe, todo lo viste de prioridad, de lujo, de derecho inamovible, de deber institucional y multinacional. Nos rodea y exprime ya que consigue convertirse en la "MECA" hacia la que todo confluye.

Caminar por esta misma senda no parece desembocar en el lago de la abundancia, en el Dios que bendice a manos llenas, en la copa rebosante y desbordada que acoge todo y a todos. Ya urgen nuevos tiempos, hogueras en torno a las cuales la VIDA prevalezca frente al negocio y al mercado, al mercadeo y al tráfico de tiempo robado.

Ya no es posible danzar al compás de este ritmo acelerado y trepidante. Sentarse otra vez y descansar, recuperar el ritmo primigenio que latía acorde con la savia, con el lento crecimiento de los árboles, con las estaciones, con el tierno roce de embriones y plantones diminutos que se abren paso y día, aun en la noche.

¿Seguimos creyendo que hay trabajo para todos? Ya no es posible la consigna “consume hasta morir” y después sigue consumiendo y produciendo no importa qué, objetos, servicios, ocio, cultura,…La máquina hace ya tiempo que nos ha suplantado, ha sustituido nuestro tacto precioso y preciso por el frío y duro pozo de los recursos del fondo de la tierra. Seguir parapetados tras productos sin fin con el único objetivo de seguir manteniendo el estatus y el poder de unos pocos debería ya estar llegando a su fin.

Volvamos a proponer la detención, el “paro”
entendido como aminoramiento del ritmo que nos han impuesto y hemos asumido cual dóciles hijos del sistema. La vida está ahí con su fresco aliento, sus días y sus noches, con el suave y leve roce del amor, de la sonrisa cómplice y el corro infantil del juego, ya olvidado.

El ritmo de la vida ha quedado descolorido y desprotegido frente a la colosal política productiva mundial.

La única alternativa, la más revolucionaria es sentarse a compartir trabajo humano y sueldo y quizá además también, prescindir de él. Volver a disponer de horas de grato trabajo creativo, artesano, poético…volver a cultivar nuestros propios alimentos y gozar del contacto con la tierra madre, dolorida y gastada, extenuada hasta límites insospechados e inimaginados. Volver a ocuparnos de nuestras necesidades vitales podría abrir el camino de retorno y de futuro. Quizá la autogestión en pequeño grupo pudiera amortiguar el desencanto.


Os espero bajo un árbol frondoso, el más viejo y sabio, el mas venerable e imperfecto, el único Dios rebosante de lecciones. Allí nos sentaremos a hablar al margen de lo ya establecido, de lo largo tiempo trillado y definido.


Olga Estrada

1 comentario:

neli dijo...

Que poética Olga cuanta ternura y cuanto de verdad. Se ha tenido al alcance el poder tener una vida cubriendo las necesidades trabajo,cultura,ocio y como no descansar bajo un árbol,pero se ha escapado,como el vuelo de un pájaro Ahora va esta vida como,un barco sin rumbo¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡