miércoles, 2 de junio de 2010

Flores y palabras

Niños palestinos lanzan claveles rojos y blancos al mar en Gaza en homenaje a los fallecidos en el asalto a la flota humanitaria. Mahmud Hams/AFP

"En el cielo encendido pasan miríadas de golondrinas girando en las últimas luces del anochecer, mientras que a lo lejos resuena la llamada del muecín. Luego, todo vuelve a la calma, de los matorrales de los alrededores se eleva, testarudo, el olor del jazmín. Uno se deja acunar por la atmósfera serena, se pone a soñar con la Jerusalen eterna, la ciudad de la paz, y a olvidar la guerra fratricida que aquí se desarrolla desde hace décadas".

El párrafo está extraído de "EL PERFUME DE NUESTRA TIERRA. Voces de Palestina e Israel", de la escritora y periodista especializada en Oriente Medio, Kenicé Mourad, una obra que recoge testimonios en directo de palestinos e israelíes, en eterno y sangriento conflicto. Centra su atención en la añorada calma y paz que utópicamente se esperaba de ese Jerusalem identificado como la "ciudad de la paz", "ciudad de luz y de esplendor", como recogen los versos tradicionales del pueblo judío.

¿Hasta cuando este desigual conflicto? ¿Hasta cuando el inmenso dolor del pueblo Palestino?, ¿hasta cuando la impunidad de Israel, EE.UU y una buena parte de la comunidad internacional?

Que esos claveles blancos y rojos sirvan al menos para dulcificar ese instante.

El texto elegido no pretende equiparar la tragedia sino valorar la paz e interrogar hipotéticamente al pueblo judio sobre las bases en las que asentaba su sentido de vida: el Dios de Israel, el Dios de la Paz.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que bueno seria si con lanzar claveles se amortiguara el dolor que tiene el pueblo palestino, no es todo blanco o negro, pero creo que los palestinos se estan llevando la peor parte.

ITACA dijo...

El dolor del pueblo palestino es mucho mas inmenso que el mar de Gaza y todos los mares y oceános juntos. En magnitud es equiparable a la impunidad de Israel, de EE.UU y de una buena parte de la comunidad internacional que asisten año tras año impasibles a este desigual enfrentamiento.
El texto elegido no pretendía equiparar la tragedia sino valorar la paz.